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Otro
producto de terror japonés que bebiendo, como otras
muchas, de la fuente de la tradición y costumbres propias
del país nos trae una historia no menos intrigante
con las clásicas lagunas en el guión que aumentan
su misterio, a la vez que la alejan de la lógica y
la acercan lamentablemente a la incomprensión. Por
lo demás una correcta interpretación con una
fantástica ambientación tétrica que a
pesar de ser rural se asemeja al oscuranticismo de un paraje
claustrofóbico.
Una
joven acude a un pueblo en busca de su hermano desaparecido.
El motivo de la búsqueda en tal lugar es la llegada
de una extraña carta a su domicilio de una compañera
de estudios y que estaba relacionada sentimentalmente con
su hermano. Al llegar al pueblo encontrará una población
extrañamente aislada tanto física como mentalmente.
Estos preparan un curioso festival dedicado a los "espantapájaros"
(los kakashis del titulo) y que según la tradición
se utilizan para ahuyentar a los malos espíritus. Cuando
llegue a casa de su amiga se encontrará que según
los padres de ésta ha sido ingresada en una clínica
mental mientras que de su hermano no hay ni rastro. Tras pasar
una primera noche en la casa por imposibilidad de volver a
su hogar por avería de su vehículo comenzará
a tener unos extraños sueños que relacionan
a su amiga con los espantapájaros. Al día siguiente
al ir a recoger su coche al taller mecánico se encontrará
con un joven dada por desaparecida y empezará a notar
que tanto el pueblo como sus habitantes ocultan algo. La clave
la encontrará en la casa de su amiga donde además
de toparse con el diario de la joven lo hará con su
fantasma. La única ayuda, sorprendentemente vendrá
del padre de ésta que además de confesarle el
paradero de su hermano le contará el oscuro secreto
del pueblo. El problema es que ya es demasiado tarde...
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