K 20: The legend of the mask
Nacionalidad Japon
Año 2009
Director Shimako Sato
Interpretes Takeshi Kaneshiro, Takako Matsu, Toru Nakamura, Kanata Hongo, Jun Kunimura, Yuki Imai
 

El avance de las nuevas tecnologías aplicadas al mundo del cine está provocando un aluvión de adaptaciones que hasta el momento solo eran posibles en la imaginación de autores de medios escritos/dibujados.

Cierto es que ésta es una tendencia que aunque cada vez perdura mas en el tiempo, se repite sistemáticamente alrededor de cada dos décadas. Se vivió en los sesenta con el Stopmotion, en los ochenta con la pantalla azul (Chroma) y ahora en el nuevo milenio es la infografía la que se ha ganado el puesto de honor en las salas de exhibición y nuestros salones.

Pero aquí no estamos para debatir el progreso de las tecnologías sino para destacar el creciente interés en adaptar todo aquello que se "mueva". Vale, he utilizado un recurso poco adecuado pero la crisis de ideas de guionistas y autores a nivel mundial provoca que se recurra al camino mas recto - utilizando el guión del propio film - desarrollando historias que en muchos casos no merecen ni la intención.

Dejando claro que éste no es el caso, "K-20: The legend of the mask" recrea en imagen real una historia original de So Kitamura que a su vez se inspiró en otras de Rampo Edogawa pero la cuestión - confesando de paso mi desconocimiento sobre la misma obra - ya no es si el resultado corresponde al interés despertado por alguien como para llegar a adaptarla sino si era necesario.

Está claro que el objetivo de una película por mucho que en éste "bendito" país mío se empeñen en hacernos creer que SOLO es cultura gastando - perdiendo - dinero público en producciones insulsas, sin interés y carentes de ambición, es el de hacer dinero; así "K-20" - a secas de ahora en adelante para no extenderme... - se presenta como un film comercial lleno de escenas espectaculares y acción desbordante; recapitulando, una maquina de hacer dinero. Pero repito, ¿era necesario?.

Está claro que para sus productores sí pero desde el punto de vista del aficionado la cosa no está tan clara; y que conste que a mi me ha gustado pero en ésta ocasión se me ha quedado un rescoldo que es el que ha encendido la llama de la reflexión.

El personaje de K-20 no es mas que un híbrido de Robin Hood, Daredevil y Darkman situado en una realidad paralela donde el orden social no deja de ser otra copia de mil y una historias conocidas. Es cierto que hay situaciones que resultan novedosas como por ejemplo que en un principio se le haya puesto a la obra el nombre del inicialmente villano de la función pero el desarrollo sigue cauces tópicos por mucho que se haya intentado sorprender con, por ejemplo, la resolución de la misma. Pero es solo eso, un intento; los japoneses vuelven a pecar de ingenuos y ya no tanto por su demarcación como film para todos los públicos, la sorpresa se queda tan solo en una trampa que se ve a la legua.

Otros aspectos poco trabajados son los que hacen referencia a la ambigüedad del tratamiento del propio K-20 - ¿es un Robin Hood mas o un simple ladrón de guante blanco? - y a los motivos finales del propio antagonista del film cuando todo su bagaje anterior ha sido otro. Quizás mis palabras resulten un tanto incomprensibles pero tranquilos que tras el visionado del film cobrarán significado además de seguramente ser compartidas.

Igualmente criticable pero ya no achacable a su estructura argumental encontraríamos el mensaje social que subyace de ésta clase de historias y que encuadraríamos como superficial e idénticamente previsible. Hablábamos de características similares en otras historias pero el ámbito general de desigualdad de clases e injusticias sociales es un discurso tan manido que ha perdido su efecto. Para buscar ejemplos que mejorasen la misma arenga no habría que correr mucho ya que "Casshern" sería la primera opción.

Con todo esto uno pensaría que la película resulta del todo fallida pero como adelantábamos al principio, el objetivo del film no es trasladar un mensaje sino divertir y el film lo consigue a pesar de que en algunos momentos se diluya la acción y aventura.

Su duración de algo mas de dos horas, fruto de meter todo lo comentado, causa que a éste respecto se acumulen "lagunas" que rompen un tanto el ritmo pero en éste caso no se llega al extremo de, como en otras ocasiones, decir que las escenas de acción se hacen esperar ya que la dosificación es mas que correcta.

Y es que el plato fuerte del film de Sato son todas esas secuencias que mezclan la acción física con efectos y fondos digitales. De lo primero nos encontramos con un Kaneshiro que parece desperezarse de su triste papel - por lo poco dinámico - de las dos parte de "Red Cliff". Mas ágil que nunca el actor taiwanés da replica a un héroe clásico en todos los aspectos menos en la plasticidad artística de sus movimientos - por llamarlo de alguna manera - ya que aquí entran en juego todas esas proezas físicas que bien apuntaladas por efectos de cables y/o infografías hacen creíble al mismo. Algún punto negro como esa escena que nos recuerda a los manchurrones oscuros de "Blade II" cuando el personaje atraviesa la ciudad, pero en líneas generales, excelente.

Junto a estos unos fondos infográficos que nos recrean una capital nipona mas cercana a la época victoriana que a mediados de un siglo XX. Las licencias históricas que se toma el argumento al hablar de una realidad alternativa puede justificar ese desfase pero es tan solo una puntualización quizás demasiado personal como para tenerlo en cuenta.

Antes de acabar resaltar sobre todos los apartados la banda sonora de Naoki Sato que a medio camino de la partitura del propio "Darkman" de Danny Elfman y el "The shadow" de Jerry Goldsmith ejerce de "potenciador" de las escenas mas sensibles a falta de, como decíamos, un verdadero vehículo emocional.

Resumiendo, "K-20: The legend of the mask" es una película efectista en todos los sentidos: entretiene y engancha gracias a su acción y emociona debido a su carga sentimental, pero es eso, pura fachada. Superior a los films de superhéroes sí pero intrascendente en el fondo.

A principios del siglo XX las diferentes naciones lograron mantener la paz evitando lo que sería la Primera Gran Guerra Mundial. Esto provocó que las clases se distanciasen haciendo mas grandes las desigualdades, los ricos muy ricos, los pobres muy pobres. En éste contexto, un hombre se beneficiaba de los primeros robándoles hábilmente, un personaje que se hacia llamar "K-20, el demonio de las 20 caras". Cuando se descubra una maquina capaz de conducir electricidad sin necesidad de cables, K-20 querrá hacerse con ella. En el proceso no dudará en involucrar a un inocente artista de circo al que confundirán con el propio K-20.

Valoración
Volver