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Una
de las mejores comedias que me visto en tiempo.
Una
historia que rezuma optimismo por muy dramáticos que
sean las historias que cuenta. Porque eso es "Drive"
un conjunto de historias que siguiendo una misma estructura
se presenta, y sin un desarrollo intermedio con que llegar
a aburrir se extingue felizmente. Y a pesar de seguir las
mismas líneas rectoras la previsibilidad no llega hacer
mella a merced de un guión antológico. Un libreto
con diálogos tan ingeniosos que provocan situaciones
fantásticas algo tan a la vez creíble dada la
deformada realidad en que a veces se convierten nuestras vidas.
Para facilitar el entendimiento de mis palabras se puede realizar
una comparación con el estilo "Tarantino"
pero siempre de la perspectiva oriental. Aquí las situaciones
son las propias de una sociedad nipona esclava de unas conductas
"asépticas". Unas relaciones egoístas
que mirándose el ombligo no van mas allá del
interior del núcleo familiar sin importar lo que suceda
a terceros en peores condiciones. Pero tampoco creamos que
el film es una de esas historias donde el mensaje pesa mas
que el contenido. No, la película está hecha
para divertir aunque podamos ver algo mas allá a su
finalización.
Un
entretenimiento que va mas allá de lo terrenal y que
se adentra en el terreno de lo fantástico cuando uno
de los personajes queda abandonado - o atrapado - en un cementerio.
Los espíritus de samuráis y soldados saldrán
a su encuentro contribuyendo a "salpimentar" una
historia del todo peculiar. Muchos a sazón de ello
verán una interrupción de lo que hasta el momento
era una perfecta comedia urbana encontrándolo fuera
de lugar y sentido. Al contrario, tras lo dicho del mensaje
aquí es donde podemos sacar las mejores conclusiones
"filosóficas". Comparar las máximas
por las que se regía el padre del protagonista, una
doctrina cercana a la usada por los antiguos samuráis
donde el honor dictaba su vida y hasta su muerte. Con el duelo
final no solo se realiza una confrontación del protagonista
con lo que podría haber sido su padre sino un despertar
de su estado de perenne enclaustramiento.
Esto
nos viene que ni al pelo para retomar lo de los desenlaces
felices. Alguno puede achacarles de una excesiva candidez
que la aleja de la realidad. Otros de un indiscriminado uso
de los tópicos, por ejemplo en el caso del personaje
de Ren Osugi y su mujer, pero yo diría que su director
ha querido darle la razón a uno de sus personajes y
devolverles a lo mismos esa "justicia punitiva"
que pregona. A pesar de que sus actos son criminales no dejan
de tener un motivo por el que hacerlo y quizás la suerte
se ha alineados con ellos esta vez. En iguales condiciones
alguno puede tildar a su desenlace de ñoño y
sin poderle rebatir esta vez solo puedo añadir que
al menos, lo hace con un excelente sentido del humor.
Dejando
la historia podemos destacar la labor de su director y protagonistas.
De su director porque sabe conducir el ritmo de la historia
intercalando detalles por si solos inauditos. Tramos como
el concierto en el que uno de los personajes da un discurso
a ritmo de rock. Hay ver como poco a poco sus palabras encajan
con la música convirtiéndose en un sola partitura
y mensaje que quiere ser oído. Cierto es que quizás
el merito lo tiene el actor pero si fuese así... ¿para
que sirven los directores?. Otro de las secuencias es, previa
a la anterior, la que acontece en el interior del restaurante.
Una sucesión de hechos que al mas puro estilo "dibujo
animado" provoca una inesperada consecuencia.
Y
para terminar el uso de flashbacks tanto provocada por la
imaginación de los protagonistas - dígase el
katanazo que Kenichi propina a su tía - como en los
tramos en los que se recurre al pasado de los protagonistas,
especialmente el protagonizado por Masanobu Ando que sin salirse
del contexto de la realidad que está contando en el
presente, nos sirve de espía para conocer de golpe
sus antecedentes y sentimientos pasados. Y todo ello sin salirse
de las 24 horas donde se desarrolla toda la historia. Como
he dicho no puedo dejar de pasar la ocasión de destacar
la labor de sus protagonistas, ya no solo la de los rostros
mas conocidos como Ren Osugi o el citado Ando, sino la del
protagonista, Sinichi Sutsumi que realizando un papel tan
sobrio como retraído va ganado intensidad interpretativa
a medida que la historia va cogiendo ritmo. Un ritmo que permite
hacer un símil con la velocidad a la que el mismo conduce,
pausado y siguiendo las normas pero que al final, explosiona.
Resumiendo,
una comedia con sentimientos en la que la sonrisa es la principal
protagonista y en la que uno se divierte sin tener que sufrir
por el devenir de los acontecimientos por duros que sean.
Recomendada a aquellos que vivieron sensaciones iguales en
"Shall we dance".
Shinichi
es un representante farmacéutico que vive tras el amparo
de su tía tras el suicidio de sus padres. El carácter
de ésta y las trágicas muertes de sus progenitores
lo marcaron de tal manera que el joven se encuentra recluido
en si mismo. Sin embargo, nuestro protagonista sueña
con que algún día tenga una mujer a la que querer.
Todos los días a la misma hora pasa por la puerta de
un banco y ve pasar a una empleada de la cual vive secretamente
enamorado. Un día de esos la providencia hará
que tres ladrones se le introduzcan en el coche al haberles
traicionado el conductor que tenían preparado para
la huída. Éstos le pedirán que persiga
al coche que contiene a su antiguo socio y al botín
pero el carácter tranquilo de Shinichi hará
que no lleguen ni a seguir su estela. A pesar de que estos
no utilizan la violencia con él, si que lo retendrán
como rehén mientras piensan en una solución
para recuperar el dinero. Pero pronto empezarán a acumularse
los acontecimientos, un maleante de tercera querrá
hacerles chantaje para no ir corriendo a contárselo
a la policía provocando una curiosa situación.
A partir de ese momento, Shinichi dejará de ser rehén
para libremente convertirse en un socio mas de la banda. Una
banda que pronto dejará de existir por el capricho
del destino.

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